11/10/16

London: Picadilly Circus, Regent Street y Carnaby Street en una tarde

Hace bastante  que no posteo sobre Londres y hoy me di cuenta de que quedan solo trece días hasta cumplirse un año del día en que puse mis pies en la capital inglesa (la cabeza la tenía ahí desde mucho antes, y el corazón para qué les cuento). Me dije: "Ya va siendo hora de ponerle fin a los posts sobre el viaje". Aunque si lo pienso dos veces no sé si quiero que se terminen... Últimamente me debato entre dos ganas. Una, la de terminar de contarles cosas y dar por cerrado el tema, y otra, la de nunca dejar de pensar en esa experiencia, en seguir reflexionando, mirando las fotos una y otra vez, encontrando detalles nuevos, recordando anécdotas. Porque este tipo de viajes son los que te reescriben el adn. La Victoria que volvió no es la misma que fue. Y como no sé cuándo podré volver, me aferro con uñas y dientes a todos los recuerdos, tratando de que no se me diluyan de la memoria.

Cuando contamos sobre viajes a otras partes del mundo, esos que nos revolucionan la mente y el corazón, corremos peligro de que algún obtuso de razonamiento nos tome por snobs, que enarbolamos la bandera del "siempre lo de afuera es mejor" o "el primer mundo" como lugar ideal. Yo no adhiero a esa creencia y no me gusta pensar eso de los demás. Viajar, particulamente solo, te abre ventanas en la cabeza, para mirar desde otras perspectivas. En mi caso la conexión es con la cultura británica pero para otra persona el efecto bien podría haber sido logrado en Japón, en una isla perdida en Centroamérica o en un pueblo de África. Cada uno sabe qué lugares lo tocan de cerca, emociona, le hace sentir que pertenece a ese otro lugar, y no al que los vio nacer.

A veces lo que uno necesita (o encuentra sin buscar) no es algo mejor que lo que conoce sino algo DISTINTO. y eso fue lo que yo encontré en el Reino Unido. Como ya sabemos, hay muchas cosas que allá funcionan mejor que acá, pero allá también hay problemas, crisis económicas y políticas, servicios públicos que funcionan mal y gente desagradable. Al fin de cuentas somos todos humanos, llenos de defectos. Lo que encontré alla fue una realidad distinta, novedosa, que curiosamente se sintió tan familiar y a gusto como si siempre hubiese estado allí, de alguna forma. Tal vez los 20 años que llevo estudiando, leyendo, escuchando y mirando material sobre esa cultura hayan influido mínimamente *inserte guiño cómplice aquí*.

Aunque no quiera que se termine me propuse, de acá al 23 de octubre (el día L), postear todos los días (habiles) sobre lo que me queda por contar y mostrar de Londres y también Paris, que casi ni la mencioné pero tendrá sus posts, mais oui! Ya tengo todo programado, día por día. ¡Espero que me salga! ¿Vienen conmigo?


Entre las cosas distintas que encontré en Londres están los paseos que hoy les contaré. El día que conocí Picadilly circus, Regent Street y Carnaby Street arrancó difícil. Me desperté cansada, con poco ánimo de armar recorridos. No sé muy bien por qué. Había bastante viento y estaba nublado y frío. Después de tantos días de caminatas incesantes mi cuerpo me tiraba la bronca. No lograba descansar bien de noche. Me despertaba muy temprano, 6.30 o 7am ya estaba despabilada y con hambre. La ansiedad y entusiasmo de saber que tenía una ciudad gigante por conocer me impedía relajarme por completo para recuperar energías. Ya no recuerdo bien qué hice temprano ese día, solo que salí del hotel al mediodía y comí algo livianito en un EAT. del mismo barrio, observando el cielo y el constante ir y venir de gente. Las madres salen a trotar empujando el changuito del bebé. Un matrimonio argentino pide comida con cierta dificultad por la barrera idiomática. En algún momento algo se apoderó de mí, saqué energías no sé de dónde y tomé el subte (cuya entrada estaba a literalmente 2 mts de mi mesa) rumbo a Picadilly Circus. Otra vez, como cuando fui a Westminster, la salida de la boca de la estación te deja, sin preaviso, en el epicentro del caos y la emoción. Y delante de un cartel luminoso gigantesco CON MI NOMBRE.


Lo consideré absolutamente maravilloso y fortuito.  Hice bien en ir ese día. Tal vez, al día siguiente, el cartel habría  sido de otra marca. ¡Una excelente bienvenida!(es una publicidad del circuito comercial de la zona que se conoce como Victoria). La emoción no me dejaba procesar lo que estaba sintiendo. Que eran muchas emociones. La sola idea de ESTAR allí, parada, en ese lugar del mundo, que encima siendo circular te genera una sensación de vértigo, era increíble. INCREIBLE. En esa círculo convergen varias calles y el tráfico, que viene de todas partes, te pasa por encima si no estás alerta. Justo cuando fui yo la fuente con la escultura de Eros (que me acabo de enterar se llama The Shaftesbury Memorial Fountain) estaba vallada por refacciones y no pude apreciarla. 

Eros me tiró un flechazo certero  y me dejó
enamorada de Londres para siempre

y como si el cartelote grande no hubiera sido suficiente, me crucé con el 38 que va a Victoria.

¡The Criterion! ¡el restaurante a donde iban a comer Lady Edith y Lady Mary con sus festejantes!

tú lo has dicho Ripley, believe it or not...
¡estaba en Picadilly Circus!


Estuve poco tiempo en esa plaza porque me quedaban pocas horas de luz natural y ya empezaba a caer agua. De ahí emprendí mi paseo por Regent Street, la majestuosa calle que allí se transforma en curva, donde se suceden todos los flagship stores de las marcas internacionales renombradas. Como no había nada que me interesara comprar (tampoco podía, ja) me dediqué a admirar la arquitectura. 


Una de mis misiones, aparte de caminar sosteniéndome la mandíbula y las lágrimas, era llegar hasta Carnaby Street, la famosa calle que fue furor en los años 60 por reunir las tiendas de ropa top del momento. El swinging London se resumía allí. Ahora también tiene negocios de vestimenta, de marcas famosas. Y es muy bella, no tanto por lo que es sino por lo que fue. Yo no podía contener mi emoción, ¡les mandaba audios de whatsapp a padres - gracias Boots por el wifi- y ellos no entendían nada!

MUJI de mi amor, ¿por qué no compré más cosas?


No la caminé en toda su extensión creo... me corría la llovizna, el cansancio, la escasa luz... ¡y todavía me faltaba Liberty store!


Al cual, acorde a mi estilo ya patentado a esta altura, entré POR LA PARTE DE ATRÁS (y van...). Pero de la tienda les contaré y mostraré fotos en otro post dedicado a eso: big department stores. 


"choose happiness" ("elegí felicidad")

Eso fue lo que hice el mediodía de ese día, sin proponérmelo. El mejor mensaje para cerrar este post y aquel paseo que me hizo MUY feliz.

*suspiro*

Mañana, ¡otro post!




1 comentario:

  1. AHHH LINDO LINDO!!! Me encanta recorrer con vos la Europa! Y restaurant de DA!!
    Espero ansiosa los post hasta el día L.
    Besos!

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