22/10/16

Paris parte III: Le Marais y Bastille

Martes 17 de noviembre. Cuenta regresiva iniciada. Misión: pasear hasta que no den más las piernas. Destino: Le Marais. 

Hôtel de Ville, la municipalidad de Paris 










no logramos encontrarle sentido semántico a este grafitti

como salimos bastante tarde no almorzamos ordenadamente, yo me comí ese éclair con nueces arriba,
 una delicia para chuparse los dedos





Thelma es fan del falafel y se compró uno que
aparentemente es el mejor de todos


el gendarme (?) posando para la postal







Al llegar a Place des Vosges me pintó el hambre de nuevo y nos sentamos un rato en un café, a reponer energías, usar el baño, lo básico del viajero. Amiga tuvo que volver a su casa a trabajar y yo seguí mi derrotero sola, con la intención de ¡TOMAR LA BASTILLA!







en mi mente sonaba la Marseillaise pero
juro que no canté en voz alta


vive la revolution!


Le Monde en Le Monde, tomá


Francia bajo ataque, Paris en estado de shock

très chic!


era mi último día de otoño, en unas horas volvía a la primavera del sur y lo iba a extrañar tanto...




La última parada del último día (cómo rompo con eso, disculpen, es para meter drama) era Merci, la tienda más instagrameada de los últimos tiempos. Allí llegué caminando a paso ligero por Boulevard de Beaumarché. Les voy a confesar que adentro no me gustó ni medio, muy hipster moderno top para mi gusto, la música estaba muy fuerte y los empleados no se destacaban por su buena atención. Claro, tal vez si hubiese comprado algo más caro que unos rollitos de washi tape me habrían dado más bolilla. Lo que sí me encantó mucho mucho fue el café "Used books café" que está al frente de la tienda. Tiene una biblioteca de libros usados y la mujer que me atendió tenía toda la onda del mundo. Tan amable era que vio que me había quedado medio scon y ¡se ofreció a envolvérmelo para llevar! cuando abrí el paquetito más tarde descubrí que me había agregado un scon de yapa. Había un ambiente muy agradable en ese café y no me quería ir. Entré justo antes de que cayera un gran chaparrón.


este Fiat cinquecento es más famoso que Napoleón


no les explico lo que era esa manteca... el dulcito me lo traje.
ni bien me senté y antes de  pedir la moza me trajo un vaso y una botella de agua con hojitas de menta, parte del servicio.
Ya no me quedaba más tiempo. Tenía que volver a poner orden en mi equipaje, rogar que entrara todo lo juntado en una semana, hacerme a la idea de que el día siguiente lo pasaría entre aeropuertos y aviones. Cuando salí de Merci empezó a lloviznar de nuevo y tomé el metro ni bien encontré una estación cercana. Volví al barrio, me despedí de los negocios, del Monoprix (¡el Tesco francés!), hice algunas compras de último minuto y...¿un ratito más? ¡sí! me tomé un noisette, una especie de cortado, en la brasserie a la vuelta del depto. Pagué y me fui a enfrentar la inexorable realidad del exceso de equipaje. 

Fin de un viaje inolvidable. Inicio de un nuevo sueño por cumplir.

En realidad, el último día en Paris fue el miércoles pero las horas que uno pasa dentro de aeropuertos son como tiempo muerto, no estás en ningún lugar ("los no lugares" de Marc Augé que estudié en Antropología I). Me despedí de mi amiga al mediodía y fui en taxi al aeropuerto ("je ne parle anglais" me espetó el chofer. Ok. No mediamos ni una sílaba #win) más temprano de lo que recomiendan, por las dudas que hubiera algún contratiempo inesperado, que los controles fueran más exigentes y demoraran los trámites. 

bonjour le cab! oui, c'est moi!

Por fortuna, no hubo ningún control extra, salió todo normal y rápido y en unas horas estaba de nuevo en Heathrow, para cambiar de avión y emprender el vuelo final hacia Argentina. La emoción loca que me dio de estar nuevamente en Londres por un rato era ridícula. Encerrada en un aeropuerto, paseando y entrando en todos los negocios posibles, WHSmith, Harrods, souvenirs, Costa, Pret! Wagamama! Para festejar (?) me compré unas Walkers crips. Y un llavero de Paddington bear. El vuelo fue larrrgo pero soportable hasta que sobrevolamos Brasil. Ahí tuvimos un imprevisto pasaje de turbulencias TREMENDAS, se vivieron momentos de drama y tensión, mucha gente descompuesta, mujeres gritando. Caos. Volaban los objetos por la cabina. Yo, ante mi propio asombro, me aferré a los apoyamanos, cerré los ojos y aguanté, casi tranquila. Pasé la prueba de fuego. Fueron unos minutos nomás pero... ¡¡mamita, cómo se sarandeaba el avión!! encima fue justo después de que sirvieran el desayuno. 

Les dejo esa linda imagen xD y les cuento que mañana ¡HAY OTRO POST! wiiiiiii (no terminaba más la tipa). Ahora sí, el último posta y la corto con el viajecito. Un epílogo, digamos.






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