No me molesten; estoy leyendo
Hubo un tiempo en que yo no sabía qué me gustaba leer.
Releo esa oración y me da una mezcla de tristeza y escalofríos. ¿Cómo pude pasarme tantas décadas sin la contención de los libros?
Pues... fue un aprendizaje lento.
De chica yo leía, pero no era una lectora voraz (nadie lo era en mi entorno). Cada tanto, leía un libro. En mi infancia y primera adolescencia sólo leía cuentos, sin saber si me gustaban realmente (spoiler alert: no me gustaban) o suponía que eso era lo que tenía que leer. Mi mamá me compraba libros de cuentos y yo no conocía otra cosa. Nunca nadie me acercó una novela. Ya de grande me enteré que muchas chicas en su infancia habían leído Mujercitas o Ana la de Tejados Verdes y yo tan ajena. Esos dos los leí por primera vez en mi vida a los 30 y largos, 40 y pocos.
De mi adolescencia no puedo agregar nada porque no leí absolutamente NADA por elección propia. Fueron 5 años de sequía lectora porque el colegio secundario me demandaba toda mi energía mental. No me quedaba espacio como para desarrollar un gusto personal. Ninguna profesora me fomentó la lectura de nada, a mi alrededor no había ni una sola persona lectora que me motivara. Fue un desierto y ni me preocupaba. Leer por placer no estaba entre mis inquietudes en esa época.
A partir de mis 20 años empecé a leer novelas por primera vez en mi vida. Inauguré el género a lo grande: con novelas de Stephen King. Ya no recuerdo bien por qué. ¿Alguien me influenció? Imposible saberlo ahora pero estuve un buen tiempo devorando sus novelas con mucho entusiasmo, a pesar de las traducciones españolas horrendas. Aún no podía leer libros tan largos en inglés pero tenía un par de novelas de King en su idioma original que me esperaban. "Algún día podré", pensaba mientras estudiaba el idioma. Tengo escasos recuerdos de mis lecturas por lo cual deduzco que no leía mucho más. No porque no me gustara sino porque no encontraba mi match. En aquella época no había TANTOS libros publicados ni tantos subgéneros. Era todo más... a la antigua. En el 2000 la Internet estaba en sus albores y no existían las redes sociales.
Así anduve varios años, y desde los 25 hasta los 35 anduve boyando, probando bastante a ciegas, leyendo lo que leía otra gente, lo que encontraba en las librerías pero sin ánimo. No daba en la tecla. Y por supuesto nada de eso me atrapaba. Hacía un esfuerzo por leer ciertas novelas sólo porque eran clásicos. Una década son muchos años para vivir sin un refugio literario certero.
Un nicho que me empezó a interesar enormemente fueron los libros sobre los movimientos contraculturales, el rock nacional, las décadas del '60 y '70, el hippismo. En rigor, todos libros de historia pero escritos en un estilo coloquial y ameno. Acumulé una linda colección de ellos, que aún, cada tanto consulto o releo.
Igualmente, a pesar de ir a los ponchazos, yo estaba encaminada. Había un indicio de interés en particular: me gustaba leer sobre la vida de otras personas. Entonces, por esas épocas, yo iba y compraba biografías de personajes famosos que encontraba en las mesas de saldos. Eran ediciones muy anticuadas, aburridísimas. Las compraba y luego no las leía. De hecho hace poco junté 4 de esas biografías y me las compraron en una feria de usados.
En esos diez años sin brújula, cada tanto, la pegaba con algún libro que muy al azar aparecía en mi radar, y me lo leía con tal fruición que me sorprendía a mí misma porque no era algo que me sucediera a menudo. Casualmente eran todos libros autobiográficos o sobre alguien conocido, contados con buenas dosis de humor. Y ahí empecé a prestar atención.
No sé bien qué fuerzas del bien actuaron a mi favor pero a mediados de los 2010 algo empezó a cambiar en el mundo literario. Aparecieron nuevas editoriales chicas y atractivas. Por otro lado, yo ya podía leer fluidamente en inglés y la oportunidad de comprar libros online me abrió un horizonte de posibilidades impensadas. Youtube me introdujo en el mundo de las recomendaciones de booktubers y de golpe tenía ante mí decenas de libros que me interesaban.
En 2015, gracias al ya difunto Book depository, compré "The bookshop book", de Jen Campbell (una de las booktubers que yo seguía en esa época) y una cosa fue llevando a la otra. Instagram, el incipiente algoritmo. Todo ayudó a descubrir otros tipos de libros que acá no se veían. Y ya por esta época me había hartado de las traducciones españolas por completo. La buena noticia era que NO LAS NECESITABA.
Y así fue sucediendo sin que me diera cuenta. Descubrí que más que las biografías rancias escritas por terceros, me atraía mucho más leer diarios y correspondencia de escritores. Cuadernos y journals. Autobiografías en primera persona. Libros sobre experiencias en viajes. Descubrí la figura del flâneur y el subgénero de libros de gente que camina por las ciudades, observa y reflexiona (¡mis preferidos!). Libros de historia, sí, pero no textos académicos: de ciudades, de calles, de comida, de música, de arquitectura, de épocas, de librerías, de movidas artísticas. Ensayos varios. Perfiles. Autoficción. Gente que piensa y escribe. ¡Madre mía! QUIERO LEERLO TODO.
Mencioné varias veces (perdón) que las traducciones españolas me crispan los nervios. Las de antes, por anticuadas, y las de ahora por usar demasiadas expresiones informales de moda en España que yo-no-co-noz-co, y odio tener que recurrir al diccionario cada 2 renglones cuando estoy leyendo un libro, supuestamente, EN MI MISMO IDIOMA. Que no lo es, por supuesto. Habrá gente que no tiene problema alguno en leer expresiones españolas pero a mí me suena muy poco natural, incluso indescifrable. Lo que descubrí recientemente es que leer autores argentinos me resulta muy agradable. Apropiado. Me siento cómoda. Hablan y escriben en el mismo registro que yo, con la misma jerga. Hablan de vos y ustedes. Un aspecto muy obvio, lo sé, pero como nunca había encontrado autores argentinos que me interesaran, yo los esquivaba por defecto. Por suerte, en los últimos años he descubierto muchísimos libros, de escritores conocidos y otros que ni junaba, cuyos libros disfruté, o tal vez odié, pero no por el factor lenguaje. Y no sé si soy yo que de pronto abrí los ojos o que la industria editorial explotó pero cada vez que visito mi librería amiga* descubro más y más libros de argentinos que quisiera leer.
* Valga aclarar que en mi ciudad no hay librerías. Hay UN negocio triste que vende algunos libros (</fin del sarcasmo>). Esa librería amiga me queda a 30kms, en la ciudad de Bahía Blanca. Hola Don Quijote, Hola Carlitos y Germán, mis libreros amigos de confianza, que cuando entro no solo me saludan efusivamente sino que siempre tienen una novedad para sugerirme pues ya conocen mis gustos personales. Es un verdadero lujo. ¡Y casi imposible irme de la librería con las manos vacías!
Otros géneros y subgéneros que no me atraen en lo más mínimo: la poesía, los cuentos (los detesto por pretenciosos), ciencia ficción, realismo mágico. Novelas románticas, true crime y noir. Autoayuda y superación. Neofeminismo (*eyeroll*). Debe haber muchos más que tampoco me gustan. Descubrir que había algo para mí más allá de esto fue un alivio. ¡Maravilloso, no tengo que leer cosas que no me gustan!
Cuando pasé de no saber qué demonios leer a darme cuenta de que no me iba alcanzar la vida para leer todo lo que sí quiero leer, concluí en que POR FIN había encontrado mi camino. Mi lugar. Fue tal el nivel de satisfacción que lo sentí como un abrazo cálido. Con mis libros alrededor nunca más iba a sentirme sola ni aburrida. Fue muy reconfortante.
Y así fue que en los últimos 11 años acumulé cientos de libros (530, para ser más precisa. Los conté hace poco y los catalogué en una app). Me armé mi propia biblioteca, con los libros que a mí me interesa tener, no lo que dicta la moda, la lista de bestsellers o algún "influencer". La idea fue: "tengo que recuperar mucho tiempo perdido". No importa si compro el libro y no lo leo enseguida. Yo sé que, tarde o temprano, voy a llegar a ese libro. Me ha pasado infinidad de veces, que estoy leyendo un libro que menciona otro que ya tengo en mis estantes. Cada libro tiene su momento indicado para ser leído, al menos esa es mi experiencia personal. No puedo forzarlo.
Sentarme a leer uno (o varios libros), con mi cuaderno y lapicera a mano para tomar notas, lápiz para subrayar cosas interesantes y sticky tabs para marcar esas páginas, jazz suave de fondo, una taza de té o un cortado, en casa o en un café tranquilo, es el mejor plan que puedo armar. Puedo pasarme horas así. Saltando de una cosa a otra dentro de los libros. Es como estudiar pero un tema que realmente me interesa, al ritmo que yo propongo, complementando con investigación paralela en internet.
Esto de subrayar, marcar y anotar en los libros es algo reciente en mis hábitos de lectora. Quizás porque antes no había encontrado los libros que me provocaran reflexión u opiniones. El punto de inflexión fue el libro "Flâneuse", de Lauren Elkin. A partir de ese, que leí en 2017, empecé y nunca paré. Subrayo ideas, oraciones, párrafos completos, escribo comentarios, correcciones (sí, no puedo con mi genio), respuestas, o updates si es algo histórico que ha cambiado. Siempre con lápiz, jamás uso tinta ni resaltadores. Ahora, además de registrar mis lecturas en goodreads y mi libreta papel, a cada libro le anoto, en un post-it pegado al comienzo, en qué fecha/s lo leí. Sobre todo si fue un libro que disfruté mucho y posiblemente vaya a releer a futuro.
Cuando saco un libro de mi biblioteca que leí y subrayé a montones, lo miro de costado, apreciando todas las tabs de colores y recuerdo: "este me gustó mucho". Y me reconforta enormemente. Cada libro en el cual yo dejé mi huella es un libro que me sumó algo importante, me hizo descubrir realidades diferentes, me ayudó a pensar, a identificarme, a encontrarme en sus páginas y seguramente me motivó a leer otros libros de temas similares.
Mi camino como lectora fue largo y sinuoso pero con final feliz.
Me encantaría que me cuenten de sus experiencias lectoras. ¿Han encontrado exactamente lo que les gusta leer o siguen en la búsqueda?









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